domingo, 4 de mayo de 2008

El 'monstruo de Austria'

Hace pocas semanas, el mundo se despertaba con una escalofriante noticia: un "padre" había encerrado a su hija de 18 años durante 24 años en el sótano de su casa , a quien violó en numerosas veces y obligó escribir cartas que justificaban su ausencia.
A continuación se resume este inhumano acto.

Josef Fritzl, de 73 años, planeó y construyó el "calabozo" del sótano de su casa en la localidad austríaca de Amstetten antes de encerrar allí a su hija Elisabeth durante casi un cuarto de siglo, según deducen los expertos.
"Hizo los planes con antelación. En 1983 ya estaba construido el calabozo", se explica . De acuerdo con las declaraciones de Elisabeth Fritzl, de 42 años, fue en 1984 cuando su padre la atrajo hasta el sótano, la golpeó y la maniató, manteniéndola encerrada los 24 años siguientes, en los que la violó sistemáticamente y la dejó embarazada de siete hijos.

Según fuentes, "lo más importante ahora es esclarecer con detalle cómo se construyó este calabozo y analizar todo lo que encontramos en él para averiguar cómo vivían sus habitantes, de lo que disponían y de lo que no disponían".
"Necesitamos a toda costa saber cómo funcionaba el gas, la electricidad. Cómo fueron tratados, si fueron torturados". A medida que avanzan en sus pesquisas, los agentes tienen una impresión "mucho peor" de cómo fue el suplicio de Elisabeth y sus hijos en el zulo subterráneo de 60 metros cuadrados y 1,70 metros de altura, sin ventanas y con un pequeño ventilador.
"Han sobrevivido, pero están todos enfermos. Nunca fueron vistos por un médico. Todos tienen problemas con la dentadura".
La renovación del aire en ese lugar es mínima y, de hecho, los expertos que efectúan las investigaciones necesitan hacer pausas para salir a tomar el aire. Mientras, prosiguen los interrogatorios a vecinos, familiares e inquilinos del edificio de la casa de los Fritzl. Elisabeth tuvo a sus siete hijos en el zulo subterráneo y todo apunta a que los pequeños presenciaron las violaciones de su madre por parte de su padre-abuelo, así como los partos.
A tres de los pequeños los depositó Josef cuando tenían pocos meses de edad delante de su casa, junto a una carta de la madre, para simular que ella, supuestamente en una secta desconocida, los abandonó para que los abuelos se hicieran cargo de los niños.
Los otros tres vivieron hasta hace pocos días encerrados bajo tierra con su madre, mientras que un séptimo bebé murió al poco de nacer y su cuerpo fue incinerado por su padre-abuelo en una caldera de calefacción.